Hay una cosa en la vida que al mismo tiempo que huimos de ella, la buscamos insaciables: los cambios.
Los cambios no vienen con preaviso, con libro de instrucciones o con pistas de cómo afrontarlos. Aparecen el día menos pensado y amenazan siempre con quedarse, convirtiendo el futuro más prometedor en algo de lo más incierto, misterioso y asustadizo.
Y asumámoslo, de la misma forma que es inevitable recibir el diagnóstico de Esclerosis Múltiple, también es inevitable que ello conlleve una serie de cambios en la vida, de adaptaciones a una nueva manera de ver, de entender, de sentir…
Es cierto que los cambios asustan. Los cambios desequilibran hasta al mayor funambulista, y ya puedes correr hacia delante o hacia atrás, que es imposible darles esquinazo.
Así que desde aquí hago un llamamiento a plantarle cara a los cambios, a aceptarlos tal y como han venido y a coger de ellos lo que nos pueda llegar a hacer más fuertes, más grandes y sobre todo, mejores personas.
Porque por muy poderosos que sean los cambios, hay cosas que ni el mayor cambio del mundo puede cambiar.
El poder de una sonrisa.
La energía que da un abrazo.
La manera de disfrutar de un buen café.
El color que hay ahora en primavera.
Pero sobre todo, si algo permanece intacto pase lo que pase, es el hecho de que nosotros seguiremos siendo nosotros y por encima de todo, nuestra vida seguirá siendo única y exclusivamente nuestra.
Geniales manos de ItWoorks!





