Sólo oigo un nombre: KILIMANJARO


Desde hace ocho meses en mi cabeza sólo suena un nombre: KILIMANJARO. 

Cuando digerí un poco la noticia del diagnóstico, me di cuenta de que mi futuro se había bifurcado en dos caminos: uno que me llevaba al lamento diario y otro que me llevaba a asumirlo y tirar hacia adelante.

Escogí, sin dudarlo, el segundo. Desde entonces, he intentado no parar.

Hay días difíciles; tengo que seguir un tratamiento que me recuerda semanalmente que tengo Esclerosis Múltiple, cada mañana me enfrento al miedo de no saber si hoy, un día más, podré poner un pie en el suelo y al lado el otro para seguir caminando. Esta incertidumbre creo que me acompañará siempre, pero la lucha contra ella también.
Podría decir que la enfermedad es como un amigo de viaje de esos que son más aventureros que tú, que hacen locuras y que te llevan a sitios en los que dudas si estarás a salvo, pero que una vez regresas a casa de ese viaje te das cuenta de que  no hubiera sido ni la mitad de emocionante si no hubiera sido por él. Siento la misma inseguridad, pero también sé que ahora tengo la oportunidad de vivir la vida de una forma diferente, con otro tipo de sentimientos que para mí, la hacen más completa, más intensa.

Por eso tampoco dudé ni un segundo en aceptar el reto de subir el Kilimanjaro. Con sus 5.892 metros es el techo de África y el pico aislado más alto del mundo. No es un monte de dificultad técnica, pero en la cima, el oxígeno que respiramos es un 50% menor que el habitual, y teniendo en cuenta que a lo más alto a lo que había subido era el Tibidabo (512 metros) conseguir llegar a la cima del “Kili” tiene su qué.
El entrenamiento ha sido largo y duro; desde que supe que iba a subir he seguido un entrenamiento seis días por semana basado en ejercicios cardiovasculares y de fuerza, además de subir diferentes picos como el Pedraforca (2.417 metros) y el Puigpedrós (2.900metros). El máximo riesgo es el mal de altura y ocurre cuando tu organismo no está bien oxigenado. Debe detectarse pronto para que no vaya a más, porque puede derivar en edemas pulmonares o cerebrales.

!Pero no será nuestro caso! Nosotros vamos a llegar, y vamos a llegar bien porque nos hemos ilusionado mucho con este proyecto. En el grupo somos 10 afectados de EM y 4 afectados de Parkinson, más 15 personas entre los que hay acompañantes, médicos, guías, etc. No sabría deciros cuál de todos ellos es más fuerte.

A dos días de embarcarme en la mayor aventura de mi vida, siento lo mismo que cuando pienso en la Esclerosis Múltiple; me invade un terror profundo por lo desconocido y por aquello que sé que no voy a poder controlar, pero tengo unas ganas tremendas por comerme todo esto con patatas, por llegar a la cima y por poder gritar desde lo más alto que no pienso quedarme sentada esperando a ver qué pasa. Eso ni en broma.

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7 pensamientos en “Sólo oigo un nombre: KILIMANJARO

  1. Es realmente motivador el blog, y esta entrada en particular.
    Un brote que afecta a mi equilibrio me obliga a parar y aunque soy una peleona por naturaleza reconozco que hoy me falta fuelle.
    Gracias

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