Caminante no hay camino, se hace camino al andar


Poco a poco he podido empezar a digerir todo lo que ha ocurrido en tan sólo dos semanas.
Aunque parte de mi mente todavía divaga por los caminos del Kilimanjaro, las imágenes empiezan a ser ya recuerdos y la gran aventura, ya forma parte de mi experiencia.
He reflexionado mucho acerca de ello y de cuál era la relación exacta entre el Kilimanjaro y la Esclerosis Múltiple.
Me preguntaron hace unos días qué fue lo que me empujó a aceptar esta aventura aún sabiendo mi nula experiencia en la montaña, y creo que he dado con la respuesta. Me animó el hecho de que, por primera vez en siete años, la enfermedad suponía una oportunidad en mi vida, en vez de una limitación. Y eso había que aprovecharlo.
Allí arriba, entre la arena del camino y las nubes observándome donde fuera que mirara, cada paso se convirtió en la confirmación de que me estaba haciendo más fuerte y con eso, también crecía mi mensaje.
Cada metro de altura que ganaba, tenía más sentido que el anterior, y de pronto ya no eran metros, o pasos, o montaña. Se materializó todo y todo pudo explicarse con palabras. Eso ha sido lo más mágico de todo.

Sin lugar a dudas, hay un antes y un después en toda esta historia. Si con ella hemos podido inspirar a una sóla persona con Esclerosis Múltiple aunque sea, si hemos logrado despertar el sentimiento de fortaleza  en alguien o si hemos conseguido que alguien se replantee el sentido de su enfermedad, entonces nuestro esfuerzo y todas esas reflexiones han cumplido con su cometido.

Aún así, es ahora cuando empieza la mejor aventura de todas; coger todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos sentido y pensado y hacerlo nuestro, dándole así un nuevo significado a nuestras vidas. Porque podemos hacerlo y porque ahora ya no tenemos miedo.

Soñad en grande.

Recuerdo el último día, las últimas horas antes de llegar a la cima, cuando mi cuerpo ya no lo sentía como mío y mi mente era lo único que tenía para seguir dándome fuerza. Una y otra vez se me repetía esto en la cabeza.

Caminante son tus huellas el camino y nada más,
caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Al andar se hace camino y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.

 

Adjunto los links de dos entrevistas que he hecho a lo largo de la semana:

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/07/22/neurociencia/1311331923.html

www.rtve.es/alacarta/vi​deos/la-manana-de-la-1/manana-​1-28-07-11/1163193/ (Minuto 39)

 

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