Ya no hay vuelta atrás

Pongamos que hablo de la Esclerosis Múltiple. 

Desde todas sus perspectivas. Desde la tristeza y la alegría. 

Pongamos que hoy expongo qué siento en mi día a día, en mi hora a hora. En mi cumpleaños de cada año y en mi sueño, cuando acaba el día. 

No se puede explicar en un párrafo. No hay palabra capaz de recoger cada sufrimiento, cada lágrima, cada abrazo. Querer y no poder. Aceptar sin entender. Ver sin conocer. 

Cada vez que me siento frente a esta pantalla intento explicar qué es vivir con Esclerosis Múltiple. Pero ningún momento parecer ser el adecuado. Ninguna palabra acaba siendo la adecuada. Porque la Esclerosis Múltiple la llevas dentro, en cada gesto y cada aliento. 

Por eso, miles de personas hoy buscan cómo salir de ella pero no encuentran esa salida. Miles de personas quieren escapar del laberinto más recto del mundo. Y aún así no encuentran la salida.

Y es que es tan simple como comprender que la salida está escondida en cada uno de nosotros. En cada diagnóstico. En cada segundo que convivimos con ella. 

Image

Cada minuto representa la posibilidad de ser nosotros mismos y nada debería ser capaz de interrumpir este momento. 

Cada segundo debería ser la oportunidad de reflejar nuestro “yo” más auténtico. Para enmarcarlo en un cuadro y colgarlo en nuestro salón. 

Porque no es malo recordarlo. Hoy eres quien eres por estar donde estás. Y ese orgullo no te lo quita nadie, ni nada. 

Unos puntos que me repito un martes como hoy, cuando voy a dormirme con el mismo pensamiento con el que me despertaré mañana: que sé quién soy, qué me acompaña, pero sobre todo, sé hacia dónde voy.

Esto no va a poder contigo

Minientrada

Cada día me pregunto por qué, y cada día me aparece la misma respuesta envuelta de silencio. 

El diagnóstico no tiene un motivo ni un significado. El diagnóstico de Esclerosis Múltiple está allí y te acompaña, y aunque luchemos hasta agotarnos de encontrar una razón, no la hay. Está ahí y hay que vivir con ella.

Por eso llega un punto de inflexión en el que uno coge al toro por los cuernos, alza la voz y dice: “espera, porque esto no va a poder conmigo.”

Cuesta encontrar ese día, cuesta encontrar ese camino y cuesta aceptar que era verdad aquello que decían de que el tiempo pone todo en su sitio, de que el tiempo es capaz de asentar las cosas, permitiéndonos coger la distancia necesaria como para no ahogarnos dentro del pozo. 

Y ese día, cuando llega -porque siempre llega- empiezas a ver el pozo desde fuera, desde lo alto y estando a salvo de la más larga caída, porque ya nada puede debilitarte. Tu vida, tu familia, tus amigos y amigas, tu pareja, tu trabajo, tu hijos e hijas. Encuentras mil y una razones que te empujan cada día un poco más a ser mejor que ayer, a sonreír un poco menos que mañana y a quererte a ti y a la vida por encima de la Esclerosis Múltiple. 

Porque nadie mejor que tú conoce lo bueno de tu vida. Nadie mejor que tú sabe lo difícil que es arrebatarte la sonrisa y nadie mejor que tú puede encontrar una respuesta a lo que te rodea. 

La Esclerosis Múltiple permanece. Sí. Pero no estanca. No rompe sueños. 

O por lo menos, no debería. 

Lucha cada día contra ella, aunque ayer perdieras la batalla. Porque en un abrir y cerrar de ojos las cosas cambian y nadie te dice que mañana no puedas convertirte en el vencedor absoluto de esta lucha.

Claro que sí.  

http://www.esclerosismultiple.com